jueves, 11 de diciembre de 2008

El tuerto. 88: Buenos “negosios”.

Todavía no sé porqué acepté participar en aquel disparate que me propuso Charlie. Es verdad que me lo pidió como un favor, que casi me echó en cara todo lo que él había hecho por mí, y no hacía falta mencionarlo ni entrar en detalles. Cómo podría olvidar que fue él quien me ayudó a establecerme en Tenerife cuando yo no era nada, menos que nada, era un perseguido de la justicia. Gracias a su ayuda conseguí mi permiso de residencia; Charlie me facilitó entrar en aquel primer golpe que me alejó de la miseria cuando ya se me estaban acabando las reservas monetarias; colaboró conmigo en el negocio de las facturas, tuvo que torear con drogadictos; me ayudó a liquidar al Philip, y también estuvo en lo del Guti.

No cabe duda de que además yo le había tenido últimamente un poquito abandonado a su propia suerte. El Charlie no terminaba de encajar en mis negocios. Para operaciones puntuales servía muy bien, pero no podía tener un papel permanente en ninguna empresa, ni en la gestión inmobiliaria, ni en la reciente empresa de seguridad, ni en la futura constructora. En un intento de que sentara la cabeza le ofrecí ser el director del hotel que estábamos a punto de inaugurar, pero lo rechazó con argumentos aplastantes, el no era un gerente, el era un relaciones públicas, un hombre simpático, sociable, lleno de contactos, un intermediario perfecto, pero incapaz de planificar, ni de organizar nada.

Lo único en lo que había sabido encontrar su hueco era el comercio…de la droga. Para eso era perfecto, porque su negocio no requería ningún establecimiento permanente, ni oficina, ni licencias, ni abogados, ni contratos por escrito, ni cotizaciones a la seguridad social, ni contabilidad, ni balances, ni libros de registro, ni nada. Sólo requería lo que él sabía dar mejor que nadie: una pequeña frase amistosa, una palabra deslizada como casualmente, “si quieres algo para pasarlo bien, ya sabes”, y un rápido trueque, así es como empezó. Su clientela fue numerosa, fiel, y hasta ahora nunca le habían traicionado, no sé si por azar o porque había sabido seleccionar. Con el tiempo, y paulatinamente, ascendió de tener una red de clientes a tener una red de camellos. Pasó de manejar unos cientos de gramos, a decenas de kilos.

Y en esto se fue de vacaciones a Inglaterra. Allí, además de conocer a Yasmín y traerse a Moon, amplió su agenda de contactos de cara a una ampliación de su negocio. Con esa trayectoria era inevitable que terminaran presentándole al apoderado del cártel de Cali para Europa. Fue en una de esas fiestas a las que él asistía con frecuencia, invitado por un magnate vicioso. Ya habían oído hablar el uno del otro, por lo que ni siquiera fue sorpresa la frase pronunciada por el caleño.
-Usted y yo podríamos “haser” buenos “negosios”.- Esa fue la frase que a Charlie le impactó, se le quedó grabada como una obsesión.

También es cierto que intenté convencerle de que desistiera de su plan.
-Mira, Charlie, no te dejes fascinar por ese mundillo; es difícil entrar, pero salir es imposible. Una vez que te metas nunca dejarán que te marches. ¿No querías casarte con Yasmín y llevar una vida respetable? Pues de ese modo nunca lo conseguirás.
-Sólo quiero hacer una operación y retirarme.
-Eso no te lo crees ni tú. ¿Cómo sabes que no es una trampa? ¿Y si el tipo ese lo que quiere es quedarse con tu dinero y quitarte de en medio? ¿No se te ha ocurrido pensar que cuando empieces a inundar de cocaína todas las islas, las canarias y las británicas, le estarás quitando el negocio a otros, y lógicamente querrán eliminarte?
-Joder, tuerto, para eso es para lo que te necesito a ti y a tus hombres, para protegerme en esta operación. Necesito tu olfato para detectar si algo va mal, y también para que organices todo, ya sabes que yo no sirvo para eso.
-¿Y para financiar la compra?
-En realidad también te necesito. Hay que pagar en dólares y querría que tú hicieras el cambio de divisa. Y…bueno, aún no hemos fijado la cantidad exacta ni el precio, si quieres entrar como socio podemos aumentar la compra; eso reduciría el precio por kilo y aumentaría el beneficio a repartir.
-¿De qué cantidad estamos hablando?
-Yo había pensado comprar trescientos kilos, tres millones de dólares, pero si tú entras podríamos doblar la cantidad, seiscientos kilos nos saldrían por cinco millones. Iríamos a partes iguales, como en los viejos tiempos…
-¿Estás loco?¿Pero dónde piensas colocar tamaña cantidad de coca?
-Tranquilo, tuerto, tú sabes de tu negocio, pero yo conozco bien el mío. Tengo una docena de camellos por todas las islas que venden cada uno entre cincuenta y cien gramos diarios, en total de seis a ocho kilos por semana. La gente consume coca a raudales, todo el mundo la consume, los ejecutivos para tener claridad mental en sus negocios, los políticos para mantenerse despiertos en sus maratonianas reuniones de partido, los estudiantes para divertirse en la discoteca…
-Aún así, tardarías un año en vender 400 kilos.
-Déjame terminar. La realidad, es que ahora mismo la demanda de coca es muy fuerte. Si no vendemos más no es por falta de clientes, sino porque se nos termina la mercancía. Muchos drogadictos tienen que contentarse y engañar el síndrome de abstinencia con sucedáneos, anfetaminas, tranquilizantes, o cualquier mierda que les trastorne la mente. Estoy seguro de que podríamos ampliar la venta. Y además, tengo un contacto en Londres para enviarle una mula con un par de kilitos a la semana.
-¿Una mula?
-Si, coño, un tipo en avión, un don nadie, un “pringao”, como dicen aquí…Bueno, ¿qué respondes? Ten en cuenta que en ocho o diez meses a lo sumo, habremos triplicado el capital.
-Lo estudiaré.

La siguiente vez que hablamos del tema le solté una batería de objeciones y peligros, pero cuando alguien está decidido a hacer una cosa, al final la hace.
-Mira, Charlie, todos esos drogadictos, esas docenas, cientos de clientes. ¿Quién te dice que alguno de ellos no es chivato de la policía? No digo por gusto, nadie es chivato por gusto, sino porque le han detenido con droga encima y para salvar su culo se pone a dar nombres…
-No te preocupes, sólo podrían dar el nombre de mi camello, hace tiempo que no trato directamente con clientes, excepto unos pocos de mi absoluta confianza.
-Bueno, piensa otra cosa: el tipo al que le estás comprando, si haces esta operación le vas a dejar de comprar, te perderá como cliente, ¿crees que le va a gustar? Tal vez intente joderte…
-Si, ya había pensado en ello. Ese tipo a su vez le compra a los del cártel de Medellín. Creo que lo mejor sería que me dejaras uno de tus hombres como escolta, durante unos meses…
-Ya veremos, todavía no tengo decidido si hacerlo o no. Pero quiero que me prometas que no harás nada por tu cuenta.
-Eso no puedo prometértelo.
-O sea, que de todas maneras lo harás, conmigo o sin mi.
-Es posible.-Dijo, enigmáticamente.- Lo cual, para mi significaba que sí, que de todos modos lo haría. Eso fue lo que me decidió a participar. Pensé que si yo lo organizaba, al menos tendría una oportunidad de que saliera bien.

3 comentarios:

Marta dijo...

Mi queridisssssssim Seeeeeeeeeewool

¡Uy, uy, uy! Aqui va ha haber tomate y no precisamente del "cuore". La cosa va a acabar mal. Se nota en el ambiente, leyendo entre líneas.

El Tuerto lo sabe y en parte se ve obligado, en parte le gusta la acción y en parte creo que sabe que Charlie se va meter en problemas, y por los viejos tiempos, no quiere dejarlo solo. Bueno, ya se sabe que entre gentes del hampa, unos a otros se ayudan y así se deben favores.

Charlie va a acabar mal, y creo que el Tuerto va a recibir las consecuencias, porque es quien relata la historia.

Bien, prepáremenos, espero, para una acción trepidante y para futuras incognitas. Una de ellas, Rosita y su affaire con Moon y me temo que tampoco hay buenos augurios para el Tuerto. A ver en lo que me equivoco.

Como siempre, querido Seewool, un placer leerte, y más con un capítulo que promete.

Besos mediterráneos y una reverencia llena de admiración, por sabernos dejar siempre con el deseo de más... capítulos.

Jack Blake dijo...

Hola. Si que pinta mal el asunto ese de los negocios raros. En principio, pensé que Charlie ya no tenía cabida en los negocios de El Tuerto, y lo más lógico y mas prudente es hacer desaparecer a un exsocio que, antes o despues podría irse de la boca. Pero, por lo que veo, es el propio Charlie, quien va a hacerse desaparecer o hacer que le desaparezcan. Total, la avaricia termina por romper el saco. Pero c´est la vie. Un saludo.

Joseph Seewool dijo...

Hola, amigos. Sólo diré:
-Ufff! Menudo susto me he llevado. Después de varios días de pensar y redactar el nuevo capítulo 89, que ya está a vuestra disposición, en el último momento, al hacer una pequeña corrección, casi lo pierdo. Por un problema informático, el sistema me decía que el enlace directo se había movido, y no lo encontraba. Menos mal que al final pude recuperarlo a través de los archivos temporales.
Y en fin, después del susto el alivio, ahí está el capitulo 89, extenso, con detalles, y que es la mejor respuesta a vuestros siempre estimulantes comentarios.
Abrazos y si no hablamos antes que paseis unas muy felices fiestas.